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Destacado, Opinión por Elaine Miranda,

Pasa con el seguro de vida, con el seguro del auto, de la casa, el de gastos médicos… en fin, ¡con todos! Es una de las frases y —si lo querés ver así— de las justificaciones que muchas personas dan para no adquirir X o Y seguro.

Y va algo así: “… Es que si compro el seguro de gastos médicos y no me enfermo, entonces desperdicié mi dinero”. ¡No! Esa no es la manera correcta de verlo. Recordá que la idea y el objetivo es que vos, tu vida, tu salud y tus bienes siempre estén bien.

Pero que si algo llega a pasar, tengás el respaldo económico para recuperarte.

En esta nueva etapa de ser mamá, decidí que uno de los mayores actos de amor que podía tener con mi bebé era un seguro de vida (para mí y mi esposo), en el que Luka fuera el beneficiario.
Además de los precios y coberturas, una de las inquietudes que más me he visto ha sido qué pasaba con el dinero del seguro si la persona que lo adquiere no muere.

Tipos de seguro de vida

Hay diferentes tipos de seguros de vida. No solo uno. Lo más comunes son el ordinario, el temporal y el dotal.

• Seguro ordinario: se paga durante la vida y se realiza la indemnización (a los beneficiarios) una vez que la persona que contrató el seguro fallece por cualquier causa. La prima a pagar varía año con año cuando se renueva.

• Seguro temporal: se contrata por un tiempo determinado (10-20-30 años) y tiene la misma cobertura que un seguro de vida ordinario, pero solo por el tiempo que contratás. Si fallecés en ese período, se paga la suma asegurada que contrataste. Pero si termina el período contratado y seguís con vida —¡gracias a Dios!— el seguro se termina automáticamente. Este es el que yo tengo.

• Seguro dotal: este es el más complejo y también se llama de ahorro. Se puede contratar a plazos de igual manera que los seguros de vida temporales o hasta llegar a una edad determinada (60-65 años), tiempo por el que debés de estar pagando una prima mensual.

Este seguro es visto por muchos como un estilo de “ganar-ganar”. Verás, si fallecés, la suma asegurada se entrega a tus beneficiarios igualito que en los otros dos. PERO si tu contrato termina y seguís con vida, entonces se te entrega a vos la suma asegurada. O sea, “no hay pérdida”.

Pero como nada es gratis en esta vida, obviamente esto tiene un costo. Literalmente. El seguro dotal es bastante más caro que el seguro de vida ordinario o temporal, porque básicamente pase lo que pase, se te entrega el dinero.

Si sos de los que les cuesta ahorrar y no has podido hacerte el hábito, el seguro dotal podría ser una buena opción para vos. Con esta herramienta estás obligado a aportar periódicamente un monto y una vez cumplido el plazo recibís la suma asegurada… si fallecés antes de eso, se entrega a tu familia.

Pero, entonces, volviendo a la pregunta de este post: Si no muero, ¿pierdo mi dinero?

Se trata de darle vuelta a cómo pensamos las cosas. El seguro de vida, al igual que cualquier otro seguro, se contrata esperando que nada nos pase, que siempre estemos bien. Lejos de pensar que pierdo mi dinero si no fallezco, agradeceré poder ver crecer a mi bebé y compartir con él máximo tiempo de vida posible.

Experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática.


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