Según Blandón, también representa una violencia simbólica que muchas veces puede dar paso a una violencia encarnada. / Metro
Según Blandón, también representa una violencia simbólica que muchas veces puede dar paso a una violencia encarnada. / Metro

Destacado, MetroMujer, Tendencias por Uriel Velásquez,

Un simple “adiós” puede ser considerado acoso en dependencia de la forman en cómo se dice, explica Estrella Lovo, coordinadora del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), capítulo Nicaragua.

“El adiós cortés no va acompañado de un tono morboso, expresiones corporales que inciten al sexo o revisiones visuales de la mujer de pies a cabezas”, aclara.

Tras la polémica que se desató entre los usuarios de las redes sociales en Nicaragua, luego de que una joven denunciara en Facebook que se sintió acosada porque un guarda de seguridad le dijo “adiós” se ha abrió un nuevo debate sobre el acoso.

Recordemos que tras varias horas de la publicación, la joven eliminó de su cuenta el video, sin embargo continúa circulando en las redes sociales. En el video la joven pedía el despido del personal. “Usted no me puede decir adiós porque yo no  lo conozco. Esa cara que usted hace de ¡ha! es la cara que yo hice cuando usted me dijo adiós”, describe la joven en el video. McDonald’s Nicaragua descarta el despido del guarda de seguridad de Metrocentro Managua.

“Yo no creo en la ingenuidad del adiós, creo en la cortesía, pero la cortesía no tiene sexo o género, es recíproca”, comenta María Teresa Blandón, del grupo feminista La Corriente.

“El fin que se persigue con el acoso es invadir verbal, gestual y en muchos casos físicamente, el cuerpo de una mujer que va caminando en la calle, sea conocida o no. Es un derecho, una prerrogativa que algunos se dan a sí mismos solo por ser hombres”, continúa.

¿Cómo actuar?

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile recomienda, en su sitio web, que cuando una mujer es acosada “tiene que demostrar su malestar y ayudar a que el acoso deje de ser visto como algo natural”.

Es recomendable responder siempre que el entorno sea seguro y el agresor no amenace tu integridad física y recoger la mayor cantidad de pruebas posibles para denunciarlo.

Es violencia

Según Blandón, también representa una violencia simbólica que muchas veces puede dar paso a una violencia encarnada.

“Tenemos que considerar esto un problema porque refuerza actitudes abusivas, porque viola el derecho de las mujeres a circular libremente en el espacio público, porque las intimida, avergüenza y porque con el acoso callejero se instala la idea de que las mujeres deben someterse al escrutinio masculino, que es de carácter sexual”, agrega.

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9 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de acoso

Y en Nicaragua es frecuente. En Managua, nueve de cada diez mujeres ha sufrido algún tipo de acoso callejero, de acuerdo con un estudio del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), capítulo Nicaragua, realizado en 2015.

La investigación segmenta el acoso callejero en dos vertientes: acoso gestual verbal y acoso físico, explica la coordinadora del OCAC en Nicaragua, Estrella Lovo.

Silbidos, comentarios alusivos a su cuerpo, miradas y gestos lascivos, comentarios sobre el acto sexual e insultos sexistas, figuran como parte del acoso gestual verbal, el cual, según Lovo, es el que se presenta con más frecuencia.

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El acoso es violencia porque genera un impacto sicológico negativo

El acoso es violencia “porque genera un impacto sicológico negativo y que las personas, especialmente mujeres, pueden vivir varias veces al día”, afirma Blandón.

Uno de los mitos es que las mujeres provocan el acoso por cómo se visten o porque quieren llamar la atención de los hombres.

“El acoso sexual no es culpa de las víctimas porque los hombres pueden andar incluso sin camisa en la calle y eso no mueve a una mujer a decir, intervenir o evaluar el cuerpo del otro. Quienes lo hacen son los hombres independientemente de cómo anden vestidas las mujeres. Es un criterio arbitrario: ellos deciden en qué momento, lugar y con qué lenguaje acosar”, detalla Blandón.

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¿Qué dice la ley en Nicaragua?

La Ley 779, en el Artículo 8, describe el delito de violencia sicológica e incluye como una de sus formas las comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente y los insultos sobre la mujer.

El Artículo 539 del Código Penal de Nicaragua también da la posibilidad de denunciar estos actos a través de la figura del asedio.

Comete el delito de asedio “el que asedie a otra persona, con impertinencias de hecho, de palabra o por escrito, se le impondrá de 10 a 15 días multa o trabajo en beneficio de la comunidad de 5 a 20 jornadas de dos horas diarias”.

Según el mismo código, comete el delito de exhibicionismo “quien se muestre desnudo o exhiba sus órganos genitales en lugares públicos será sancionado de 10 a 30 días multa o trabajo en beneficio de la comunidad de 10 a 30 jornadas de dos horas diarias”.

Tocaron la vagina de mujeres y gritaron palabras soeces en la calle

El año pasado, el juez Tercero Especializado en Violencia de Managua, Edén Aguilar, emitió sentencias condenatorias contra dos hombres que tocaron la vagina de mujeres y gritaron palabras soeces en la calle.

En un caso impuso la pena de cinco años de cárcel a Marcos Reyes Torres, de 36 años, quien admitió los hechos y, de acuerdo con la acusación de la Fiscalía, manoseó en plena calle a una mujer de 32 años.

Al día siguiente, Aguilar sentenció a siete años de prisión a Rafael de Jesús Obando Orozco, de 18 años, por tocarle la vagina a una adolescente de 16 años del barrio Memorial Sandino.

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El más practicado es el acoso callejero verbal y no verbal

Este no es un problema solo de Nicaragua. Se da en todos lados y en magnitudes similares. Según un estudio realizado en el año 2015 por el Observatorio contra el Acoso Callejero en Chile, tres de cada cuatro personas sufren acoso.

Es decir, un 75% de la población. En el caso de las mujeres, la cifra llega al 85% y de los hombres, al 55%. El más practicado en ese país es el acoso callejero verbal y no verbal, que consiste en miradas persistentes, sonidos y comentarios con connotación sexual implícita o explícita (“piropos”), tanto a hombres como mujeres.

En Costa Rica, el acoso sexual callejero genera, anualmente, unas 7,000 denuncias en los tribunales, según datos del Instituto Nacional de la Mujer (Inamu).

En Argentina, el 93% de las mujeres reconoció el año pasado haber sufrido algún tipo de acoso sexual callejero y el 80% dijo sentirse insegura al transitar por las calles por este motivo, de acuerdo con el informe “Violencia contra las mujeres en el espacio público – La inseguridad de la que nadie habla”, realizado por la organización Ni una Menos.

Ocho de cada diez mujeres en ese país han tenido que escuchar “piropos”. Además, seis de cada 10 han oído comentarios sobre su cuerpo o manera de vestir.

Nicaragua: “Como mujer joven y negra he vivido el acoso casi todos los días en todos lados.

Shakira Simmons, activista de Bluefields, sabe lo que es vivir acosada diariamente. “Como mujer joven y negra he vivido el acoso casi todos los días en todos lados.  Es súper incómodo salir a las calles porque te dicen cosas solo por cómo te vestís. Como mujer negra te ven todavía más sexualizada porque te ven hermosa, creen que todas las negras somos ardientes y que bailamos bien”, relata.

Hay varios factores que intervienen para que un hecho sea calificado como acoso sexual: si quien lo comete es un desconocido, el tono, la expresión corporal y las palabras, pero sobre todo cuando es cometido sin el consentimiento de la víctima, afirman expertas.

La alta incidencia del acoso sexual callejero en Nicaragua ha provocado que este sea normalizado, explica María Teresa Blandón, del Programa Feminista La Corriente.

“No queremos que se normalice un hola o un adiós con tono morboso porque, cuando proviene de alguien que no conocemos, son acciones que una no pide”, agrega Simmons.

Las prácticas consideradas como acoso van desde miradas, los “piropos”, silbidos, besos, gestos obscenos y comentarios sexuales, hasta fotografías y grabaciones del cuerpo no consentidas, toqueteos, persecución, masturbación y exhibicionismo.

El acoso sexual callejero está compuesto por prácticas con connotación sexual ejercidas en espacios públicos por una persona desconocida y que suelen generar malestar en la víctima, en su mayoría mujeres. Quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida.

 


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