Un hombre observando la laguna de Asososca. AFP
Un hombre observando la laguna de Asososca. AFP

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Los monos aúllan y los graznidos de tucanes y guardabarrancos irrumpen en el espeso bosque que rodea a la laguna de Apoyo, asentada en el extinto cráter de un volcán que hizo erupción hace 22.000 años.

Sus empinadas laderas son recorridas a diario por José del Carmen Palacios, un menudo labrador de 86 años, de metro y medio de alto y rostro curtido por el sol, que ha nadado desde niño en sus aguas.

“Lo que me gusta de la laguna es que es saludable, el ambiente es fresco, aquí nací, aquí me crie y a la vez aquí voy a morir”, dice el solitario labrador, cuyos familiares murieron y no tiene hijos.

Turistas
Como José cientos de personas pueblan el anillo boscoso que protege a la laguna, escondida entre los volcanes Mombacho y Masaya, al sureste de Managua, y que forma parte desde hace 26 años de las reservas nacionales.

Apoyo es una de las 12 lagunas de origen volcánico que se extienden paralelo al litoral del océano Pacífico de Nicaragua, que el Gobierno nominará ante la Unesco como Patrimonio de la Humanidad por su asombrosa biodiversidad.

Miles de turistas estadounidenses, europeos y centroamericanos llegan a este rincón para huir del estrés y nadar, practicar el buceo y hacer remo.
“Es un paraíso”, dice el profesor de yoga estadounidense, Pierce Norton, de 32 años, junto a un grupo de amigas que descansaban en la costa lacustre.

Paraísos ocultos
Apoyo, la laguna volcánica más grande y cristalina del país, ha sido epicentro de numerosos sismos por las fallas geológicas que cruzan la cadena volcánica.

“El agua es muy transparente, podrías literalmente leer el periódico en el fondo”, afirma el académico estadounidense Jeffrey McCrary, quien dirige una estación biológica en la reserva.

En sus profundas aguas se reproducen varias especies de peces como el amphilophus chancho, un pez robusto, propio de la laguna.

El bosque tropical de sus contornos, guarece a más de mil monos congo, en peligro de extinción, y 200 especies de aves como el colorido tucán arcoíris, el tucancillo, la lora frentiblanca y el llamativo pájaro nacional, guardabarranco, dice McCrary.

Recientemente el Gobierno anunció que postulará estos sitios ante la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

En agosto también ofrece posada a las aves reinita amarilla y el gavilán pescador en su vuelo migratorio de norte a sur.

Entre los arbustos se ocultan ocelotes, leoncillos y muchas serpientes, añade el experto.

Esta laguna surgió hace 220 siglos tras una explosión “de dimensiones catastróficas” que cubrió con piedra pómez el suelo donde hoy se asienta la colonial ciudad de Granada, explica el presidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, Jaime Íncer.

La cadena volcánica centroamericana emergió hace entre 500.000 y 300.000 años y las grandes calderas volcánicas, como la de Apoyo, “son producto de una repentina y violentísima erupción de magma acumulado por muchos años”, dice Íncer.

La laguna de Apoyo es uno de los destinos favoritos de turistas. AFP

 

Así nació la laguna de Cosigüina, consecuencia de una explosión acaecida en 1835 en el volcán del mismo nombre que se alza en una península frente al golfo de Fonseca, en el Pacífico.

En su interior, viven tranquilos los últimos ejemplares de lapas rojas del país, asegura McCrary.

Las lagunas de Managua
De las 12 lagunas volcánicas, cinco de estas como Apoyeque, Xiloá, Asososca, Nejapa y Tiscapa están en el departamento de Managua y la “reactivación de cualquiera de ellas representa un peligro” para la población, advierte Íncer.

Apoyeque reposa sobre el cráter de un pequeño volcán, ahora inactivo, que hizo erupción hace 3.500 años.

A pocos kilómetros está la pequeña y turística laguna de Xiloá, que acoge a 19 especies de peces, así como caimanes que descansan en las zonas más fangosas.

Miles de turistas cada año visitan la famosa Laguna de Apoyo ubicada en el departamento de Masaya.

 

Asososca abastece de agua potable a parte de la capital, mientras que Tiscapa se cree se formó hace unos 10.000 años en un profundo cráter ahora cubierto de agua.

Pero el mayor valor de estas lagunas es la paz que sus aguas transmiten a quienes las visitan.


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