Destacado, Turismo por María Pía Ariola,

Más de 9.000 kilómetros separan a Alemania de Nicaragua. Esa es la distancia que por lo menos ha debido recorrer Katia Schoneberndt antes de llegar a la orilla de Playa Gigante, donde se encuentra ahora. Mira el mar y a la vez, recibe clases de español.

Ubicada en la costa del Pacífico de Nicaragua, en el municipio de Tola (Rivas), la playa Gigante se abre paso frente a una cadena de montes verdes, rojizos y pardos. “Hasta aquí llegan no solo alemanes, sino también turistas que vienen desde México, Canadá, Estados Unidos y Holanda”, comenta Giovani Torre, del hostal Loma Linda.

Se trata de un pequeño poblado, al norte de la bahía de San Juan del Sur, que debe su nombre a una leyenda que cuenta que por allí pasó un gigante y dejó grabada la huella de su pie izquierdo. Según la narración, la huella se puede ver cuando baja la marea.

Un destino ideal

Los turistas internacionales pueden optar por quedarse en uno de los alojamientos de la zona, o también tienen la opción de vivir con una familia local por un tiempo y compartir las costumbres y cultura de los nicaragüenses.

“Vine por las olas. Me encanta surfear y este es un lugar perfecto para ello. Es muy tranquilo. Había estado en San Juan del Sur antes, pero hay muchos turistas, mucho movimiento y Gigante es justo lo que quería, un lugar para relajarme, descansar y surfear”, comenta la visitante.

Pero surfear es solo una de las cosas que se pueden realizar en este hermoso lugar. Hay una serie de actividades acuáticas que se pueden practicar, desde expediciones en lancha hacia otras playas–cuesta aproximadamente US$40 a US$50- hasta tours de pesca, snorkel y buceo.

Mucho por hacer

Otra de las actividades que se pueden realizar es escalar el cerro Punta de Pie de Gigante, que se encuentra al sur de la bahía. A la mayoría le toma 45 minutos subir hasta la cima del atractivo. Se recomienda hacerlo en la tarde, cuando la intensidad de calor es ligeramente menor. También se puede avanzar hasta llegar a una pequeña costa rocosa, desde donde se puede observar el perfil de una persona formado en roca.

Para surfear

Playa Maderas está a unos 15 kilómetros al norte de San Juan del Sur, en un claro que sobresale del bosque, donde se ha asentado una pequeña comunidad. Ahí es común encontrar muchos surfistas.

Del mismo modo, tampoco faltan opciones cuando se trata de comer. “Yo no sé leer, pero Dios me ha dado otros dones como cocinar. La langosta en sopa y la sopa marinera o de mariscos son los clásicos del lugar”, refiere Lorenza Palacios, dueña de uno de los restaurantes que existen a lo largo de la costa.

“Preparo eso pero también puedo hacer lo que el cliente me pida: pescado entero, filete de pescado, de pollo, ceviche, camarones, lo que quieran”, agrega Palacios, quien lleva 30 años trabajando en el mismo lugar.

Una escuela para extranjeros

A toda esta oferta de servicios se suma uno educativo. La escuela de español Pie de Gigante ofrece clases de este idioma para los extranjeros que deseen. Tienen seis niveles que van desde principiante cero hasta conversación.

“Tenemos un perfil educativo, y al mismo tiempo turístico y cultural. Nuestros clientes generalmente son surfistas que vienen de diferentes países. Aunque en su mayoría son estadounidenses y europeos, recibimos a bastantes asiáticos. Ahora tenemos uno que ha venido de Sri Lanka”, explica Juan Delgado, director y organizador de los programas de Pie de Gigante. La escuela se fundó hace 12 años y actualmente cuenta con 10 instructores.

Delgado explica que el mayor atractivo de la zona son las olas para los surfistas y el ambiente apacible del balneario. “Tenemos playas increíbles, pero además es un lugar que recién se está conociendo en el mundo. Pienso que es un lugar casi virgen. Los turistas están a tiempo de venir y conocer la naturaleza del lugar y el sistema de vida de la gente pescadora, de la gente local”, sostiene.

“Es una comunidad con poco desarrollo, pero estamos creciendo gracias al turismo”, agrega.

La sesión de español de Katia ha terminado por hoy. Ella se ha tomado un año sabático para conocer el mundo.

-“¿Recomendarías el lugar?”, le pregunto.

-“¡Ya lo hice! Yo misma pienso regresar y quedarme más tiempo. Me encanta la gente es muy amable. La familia con la que vivo es tan buena y amigable. ¡Me preparan tres comidas al día solo para mí! Es muy bonito ver cómo transcurre la vida normal aquí…”


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