La aventura extrema está garantizada en el Cerro Negro. / Orlando Valenzuela
La aventura extrema está garantizada en el Cerro Negro. / Orlando Valenzuela

Destacado, Turismo por María Pía Ariola,

Decenas de personas avanzan lentamente bajo un sol inclemente por el pedregoso volcán Cerro Negro. A medida que uno se acerca a la cima, el panorama es asombroso.

Todos los días suben los turistas aventureros para lanzarse en tablas desde la cima a velocidades de hasta 60 km por hora.
El Cerro Negro, es un enorme volcán de arena negra que se eleva 728 metros sobre el nivel del mar, ubicado en el departamento de León.

Es un gran atractivo para quienes gustan de realizar el deporte extremo conocido como volcano boarding o sandboarding, pues atrae cada año a unos 50.000 osados turistas, según cifras del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur).

El Cerro Negro es el lugar perfecto para practicar el sandboarding: el deporte extremo que consiste en descender a bordo de una tabla sobre las cenizas. Se puede hacer de pie (como si se estuviera surfeando) o sentado, para los menos arriesgados.

Al llegar a la caseta de información, se debe pagar una tarifa, ya que se trata de un área protegida. El precio para los extranjeros es de US$5 y para los locales US$2.

Si querés ir acompañado por un guía (se recomienda si es la primera vez) el costo es de US$20 adicionales.

¡A sudar!

A pesar de no ser de una altura inalcanzable, escalarlo no es sencillo. La subida es empinada, sobre todo al principio, y puede que mientras estés subiendo, algunas rocas se vayan cayendo por el movimiento que uno produce.

“Recomendamos buenas condiciones físicas para subir el volcán. Puede tardar hasta un hora y media en escalarlo”, explica el guía que nos da la bienvenida en el puesto  de entrada.

Añade que los implementos básicos para subirlo son: lentes de sol, gorro con amarras, bloqueador solar, agua y zapatos cómodos para caminar.

Antes de subir se te entregará una tabla con la que te vas a deslizar. “Pesa entre 15 y 20 libras, además de un bolso que incluye traje de protección, lentes y guantes”, comenta el experto.

El guía nos explica que primero se debe andar sobre un sendero de roca y luego, se pasa a una parte menos empinada.

“Luego de caminar sobre la roca, hay que rodear el volcán sobre un camino de arena hasta llegar al tope. Hay tres pistas: la primera es para bajar caminando, es la más inclinada y las dos siguientes de la izquierda son para bajar en la tabla”.

Una vista única

Tras la intensa caminata de más de una hora, interrumpida por recesos en los que los turistas aprovechan para descansar y hacerse “selfis”, se llega a la cima en la que se aprecia la cordillera volcánica y la ciudad de León.

“La subida no es fácil, pero al llegar a la cima y ver el atardecer, te das cuenta que a pesar del calor, el cansancio, el camino pedregoso y el fuerte viento, valió totalmente la pena. La vista es magnífica”, comenta una turista europea desde la cima.

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Ella llegó al país solo para escalar y bajar por las laderas del Cerro Negro.

Descender es mucho más fácil, aunque debe hacerse con cuidado. “La velocidad para descender depende de cada uno. Mientras más hunden los pies, descenderán más lento. Si los levantan un poco, pueden alcanzar una velocidad de hasta 60 km por hora”, refiere el guía.

Una vez arriba, la vista es intimidante y uno entiende por qué se trata de un deporte extremo: la pendiente se observa demasiado pronunciada.

“El inicio del descenso da un poco de miedo. Pero, luego te das cuenta que es una experiencia única”, sostiene la visitante desde las faldas del volcán.

Empolvada, con arena entre los cabellos, añade: “Es de esas cosas maravillosas que por lo menos tienes que hacer una vez en la vida”.


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