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Destacado, Mundo por Metro Internacional,

Una de cada tres mujeres en el mundo sufrirá violencia física o sexual por parte de su compañero sentimental. Cifras de ONU Mujeres revelan que 70% de la población femenina ha sido violentada en algún momento y que el maltrato físico o sexual duplica las posibilidades de tener un aborto, sufrir depresión y, en algunas regiones del mundo, incrementa las posibilidades de contraer VIH.

Sus estadísticas también aseguran que prácticamente la mitad de los casos de feminicidios registrados en el mundo fueron perpetrados por la pareja sentimental de la víctima y que 120 millones de niñas y mujeres en el mundo han sido forzadas a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento. Por si eso no fuera suficiente, en países como México, y de acuerdo con cifras del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) se llegan a registrar hasta 2.500 feminicidios al año.

Por estas y muchas otras razones, el 8 de marzo de 2017 no será un Día Internacional de la Mujer cualquiera, será el día en el que miles de mujeres detengan sus actividades como profesionistas, madres, hermanas, tías, esposas, novias, parejas para exigir un alto a la violencia de género, reivindicar la equidad y promover el empoderamiento de las mujeres. En entrevista para Metro, Agustina Paz Frontera, representante del colectivo

“Ni Una Menos”, explica la gestación y desarrollo de este movimiento internacional.

De acuerdo con Agustina Paz, la idea de este Paro Internacional de Mujeres nació “en protesta contra el femicidio por empalamiento de Lucía Pérez, una joven de 16 años”. Cabe recordar que Lucía fue abusada sexualmente hasta su muerte, los asesinos lavaron su cuerpo y le cambiaron la ropa. La llevaron a un centro de salud y dijeron que había perdido el conocimiento por una sobredosis. En respuesta, el 23 de enero, el colectivo “Ni una menos”, lanzó un llamado a construir una dinámica en la que “haya cambios reales, en la que se combata el actual modelo que vulnera a las mujeres”.

Las argentinas no son las primeras en organizar un paro, ni están solas; en Islandia, como reclamo a las leyes que vulneran el derecho a abortar libremente sin ser criminalizadas, las mujeres se levantaron en un paro, que fue una inspiración para el movimiento que se está gestando en Argentina. “Nos sentimos hermanadas con las mujeres de Islandia. Nuestra historia de luchas tiene raíces en movimientos similares en todo el mundo y especialmente en las resistencias de las mujeres trabajadoras, en nuestras madres y abuelas de Plaza de Mayo, en las luchadoras populares, nuestras mujeres indígenas”.

¿Qué quieren las mujeres que participan en este paro?

Lograr mayor organización de las mujeres a nivel internacional, fortalecernos como sujeto político internacional, heterogéneo, diverso, pero unificado. Buscamos que cada país pueda expresar sus demandas particulares, en Argentina la tasa de femicidios creció en el último tiempo de forma alarmante. También es uno de los países que no ha legalizado la interrupción voluntaria del embarazo. Además, las mujeres en promedio ganamos un 27% menos que los varones. Cada país tiene sus demandas, sus denuncias y sus deseos. Todas queremos una vida más autónoma, necesitamos fortalecer nuestros lazos, en tiempos tan violentos, cuando la desigualdad económica golpea en especial a nuestras mujeres, lesbianas, trans y travestis tenemos que reclamarle a los Gobiernos, pero también afianzar nuestros lazos, en este momento de crisis otra mujer, una amiga, una vecina, es la llave para estar mejor, incluso para conservar la vida.

¿En este paro contamos todas?

Sí. Mujeres de todas las extracciones sociales, pertenencias políticas, edades, ciudades, culturas. En Argentina, logramos el apoyo de las principales centrales de trabajadoras y trabajadores para que garanticen que las mujeres que tienen trabajo en situación de dependencia y formal puedan hacerlo sin riesgo. Pero especialmente este paro busca visibilizar nuestro trabajo no remunerado -las tareas domésticas-. Toda mujer es trabajadora, pero especialmente las mujeres que trabajan en sus casas cuidando a sus familias son las más vulneradas por el sistema, no reciben paga por su trabajo, no tienen autonomía y esa falta de autonomía les imposibilita tomar decisiones sobre su vida, como por ejemplo, eventualmente independizarse de un vínculo violento.

¿Qué buscan evidenciar con este paro?

Que el capital explota nuestras economías informales, precarias e intermitentes. Que los Estados nacionales y el mercado nos explotan cuando nos endeudan y criminalizan nuestros movimientos migratorios. Que cobramos menos que los varones y que la brecha salarial llega, en promedio, al 27%. Además, no se reconoce que las tareas domésticas y de cuidado son trabajo que no se remunera y suma, al menos, tres horas más a nuestras jornadas laborales. Que estas violencias económicas aumentan nuestra vulnerabilidad frente a la violencia machista, cuyo extremo más aberrante son los femicidios.

Paramos para reclamar el derecho al aborto libre y para que no se obligue a ninguna niña a la maternidad. Paramos para hacer visible que mientras las tareas de cuidado no sean una responsabilidad de toda la sociedad nos vemos obligadas a reproducir la explotación clasista entre mujeres. Para salir a trabajar dependemos de otras mujeres. Para migrar dependemos de otras mujeres.
Nos apropiamos de la herramienta del paro, porque nuestras demandas son urgentes. Hacemos del paro de mujeres una medida amplia y actualizada, capaz de cobijar a las ocupadas y desocupadas, a las asalariadas y a las que cobran subsidios y a las estudiantes, porque todas somos trabajadoras.

El poder de las redes sociales ha tenido un gran poder en este movimiento, ¿cómo han capitalizado el uso de redes sociales para difundir el movimiento?

Nuestro movimiento es muy extenso, desde “Ni Una Menos” tenemos un capital simbólico acumulado que nos permite mucha visibilidad en redes. Además, gracias a ellas podemos articular con otros países para fortalecer el internacionalismo del movimiento. Estamos haciendo política, no se trata de una jornada de lamento sino de lucha, de potencializar nuestra posibilidades de mejorar nuestras vidas como mujeres pero también las vidas de todos los demás. Queremos cambiarlo todo.

“El próximo 8 de marzo el mensaje es claro, las mujeres del mundo se levantan para gritar por la libertad y la justicia, por construir alianzas, por hacer del 8 de marzo el primer día de nuestra vida. El 2017, es el tiempo de su revolución, de nuestra revolución”.


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