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Destacado, Mundo por Karen Hernández,

Tradicionalmente en Estados Unidos y en muchos países de Occidente las funciones de la primera dama estaban ceñidas a su participación en eventos sociales y obras de carácter comunitario. Su imagen estuvo ligada al glamour y la moda, así lo demostraron figuras como Jackie Kennedy y Nancy Reagan. Pocos imaginaban que una mujer afroamericana llegaría a tener el título de primera dama de la nación y menos vaticinaron que esa mujer conseguiría la relevancia, influencia y poder que logró Michelle Obama.

“Con Michelle se vivió una situación importante a nivel simbólico que se enfatizó más allá de las acciones”, explica Gina Zabludovsky Kuper, doctora en sociología y profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. “Ella siempre disfrutó su papel de primera dama con un discurso sólido de fuerte contenido intelectual, que al mismo tiempo apeló al sentimiento, algo que ninguna había logrado antes”.  Y es que esta primera dama, proveniente de la clase trabajadora y con estudios en universidades prestigiosas, supo aprovechar la experiencia de sus orígenes para comunicarse con la sociedad.

Michelle LaVaughn Robinson Obama. Se despidió de la Casa Blanca luego de ocho años de fungir como primera dama de los Estados Unidos, periodo en el que marcó, junto a su esposo Barack, un parteaguas en la visión que el mundo entero tenía del “deber ser” en la forma de hacer política

“Siempre habló de una Casa Blanca hecha por manos esclavas, se refirió a sus orígenes negros, rompió protocolos y se convirtió en un símbolo de entusiasmo y autenticidad que transmite libertad y liderazgo”, explica Zabludovsky.  Michelle no solo fue la esposa del presidente o una primera dama más, sino que se posicionó como una poderosa figura política y social que habló por las mujeres, los jóvenes y las minorías.

En más de una ocasión, Michelle demostró ser una mujer de fuertes convicciones y con una personalidad poco convencional. Sin importar si se trataba de un mitin político, un baile de gala o un programa cómico de televisión, el protagonismo mediático de Michelle causó un impacto nunca antes visto en una primera dama. “Ella enmarcó mucho el rol de la mujer contemporánea: salía y hacía ejercicio con los niños, bailaba en programas de televisión, cantaba en el karaoke e incluso demostró un cambio de protocolo en la vestimenta. También evocó una imagen de madre moderna y de ‘mom in chief’, es decir, una mujer que puede tener cargos importantes, una carrera y un rol de madre a la vez”, explica Pía Taracena, académica del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana.

La humanidad que demostró Michelle en sus discursos y apariciones públicas fue un reflejo del profundo entendimiento que tiene de la sociedad y sus dinámicas. Esta empatía y convicción hicieron que triunfara en un mundo donde la discriminación y los pensamientos machistas todavía imperan. “A las mujeres aún nos cuesta ser consideradas como iguales en el ámbito laboral y económico. Michelle Obama demostró ser una mujer fuerte y un ejemplo del alcance que tenemos”, afirma Taracena.

Cita

“Siempre habló de una Casa Blanca hecha por manos esclavas, se refirió a sus orígenes negros, rompió protocolos y se convirtió en un símbolo de entusiasmo y autenticidad que transmite libertad y liderazgo”.
Gina Zabludovsky Kuper. Doctora en sociología y profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM

Por su parte, Araceli Mondragón, politóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México y profesora de Sociología política en la Universidad Autónoma de México, explica que “la cuestión racial hizo diferente a Michelle Obama, especialmente frente a una sociedad conservadora. Su presencia tuvo un peso político explícito y simbólico que amplió espacio a los afroamericanos en Estados Unidos. Michelle fue una figura pública y política sensible. Su propio origen le permitió tener una conciencia de las demandas y las necesidades de la minoría. Conocer de lo que estaba hablando hizo que conectara con la gente, incluso en la parte familiar, donde los Obama no se vieron como una familia al poder, sino como una familia normal”.

Michelle demostró que el poder y los títulos no mueven masas si no existe una entrega y una convicción hacia el servicio y las responsabilidades que tiene un rol político como el que ella ocupó. “Fue un ejemplo para las mujeres y en particular para las mujeres afroamericanas y los jóvenes”, señala Zabludovsky. “La transformación de la sociedad siempre se produce desde abajo, desde las cosas pequeñas y sencillas”. Sin duda, la participación de Michelle, no en cuestión de caridad, sino a partir de una mujer con voz y madera de líder, fue clave en esta transformación del rol de la primera dama, además de un logro en el ámbito del feminismo, donde construyó una posibilidad de que existan las mismas oportunidades para todos”.

Michelle ya desocupó la Casa Blanca y los rumores acerca de lo que hará ahora como ciudadana de a pie son vastos. Presentadora de televisión, autora de libros infantiles, abogada, senadora… ninguno de estos está confirmado. Lo único seguro es lo que ella misma dijo en su último discurso en la residencia presidencial: “Sepan que estaré con ustedes apoyándolos y trabajando en su beneficio el resto de mi vida”.


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