Donald Trump asumirá la presidencia de EE.UU. el 20 de enero de 2017. /EFE
Donald Trump asumirá la presidencia de EE.UU. el 20 de enero de 2017. /EFE

Destacado, Mundo por Agencias,

Los más feroces anti-Trump sueñan con una revuelta de último minuto, pero el colegio electoral, singularidad estadounidense, debería designar hoy lunes y casi sin ninguna duda al magnate inmobiliario como el 45° presidente de Estados Unidos.

Los críticos de este sistema electoral juzgan que va en contra del principio “un hombre, una voz”, que su efecto perverso es impulsar a los candidatos presidenciales a solo hacer campaña en un número limitado de estados, dejando de lado a grandes porciones del país.

Gira de la victoria. El presidente electo de EE.UU. cerró ayer sus visitas de agradecimiento por todo el país

Pese a las críticas, este sistema de elección indirecta, que data de la Constitución de 1787, nunca fue modificado.

Cuando acudieron a las urnas el 8 de noviembre, los estadounidenses no eligieron al próximo inquilino de la Casa Blanca, sino a los 538 grandes electores que integran el colegio electoral, los encargados de votar al presidente.

Donald Trump logró una mayoría de 306 grandes electores, si bien su rival demócrata Hillary Clinton recibió más votos en las urnas.

Ocurre que cada estado cuenta con un número determinado de grandes electores, y el candidato que obtiene una mayoría de votos en un estado, se queda con todos ellos.

La situación no es nueva: ya había sucedido en 2000 cuando George W. Bush le ganó a Al Gore.

Hoy lunes, estos grandes electores se reúnen en cada uno de los 50 estados del país para designar al presidente y a su vice.

Es rarísimo que los grandes electores no sigan los resultados del comicio. Y, en los pocos casos registrados, ello no fue suficiente para modificar el nombre del futuro ocupante de la Despacho Oval.

Miles lo saludan

Trump cerró ayer su gira de agradecimiento tras su victoria electoral en un modesto estadio de Mobile (Alabama), donde el pasado verano se dio su primer baño de masas ansiosas por un cambio en la política y donde comenzó a consolidarse su camino a la Casa Blanca.

“Aquí es donde todo comenzó”, recordó en sus primera palabras en el Ladd-Peebles, el pequeño estadio local donde en agosto de 2015 se congregaron alrededor de 30.000 personas para escucharle tras hacerse con la nominación presidencial republicana.

El Ladd-Peebles se convirtió en un símbolo al convertir en ídolo de masas a aquel entonces candidato republicano que nadie daba como favorito, pero que consiguió atraer a multitudes en estados del sur y del medio oeste del país para finalmente derrotar a Hillary Clinton.

Ayer, una multitud algo más modesta, regresó para asistir al último evento del llamado “tour de agradecimiento” del presidente electo, que tomará posesión el 20 de enero, y que tras su paso por Alabama comenzará sus vacaciones navideñas en Florida.

“Los increíbles patriotas de este estadio desafiaron a los analistas, a los comentaristas políticos, y permitieron una victoria histórica para el trabajador y el pueblo estadounidense”, exhortó Trump, que llegó acompañado de la lluvia.

Trump volvió a ser el orador de campaña que ha intentado dejar atrás después de su victoria electoral, y prometió “drenar la ciénaga” de Washington, un país “seguro de nuevo” (parafraseando su lema de campaña: Hacer EE.UU. de nuevo”).


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