Los Tigres de Chinandega dieron cuenta de los Gigantes de Rivas y los Indios del Bóer. Óscar Sánchez/Metro
Los Tigres de Chinandega dieron cuenta de los Gigantes de Rivas y los Indios del Bóer. Óscar Sánchez/Metro

Beísbol, Deportes por Harold Briceño Tórrez,

A la serie final contra los Leones de León, los Tigres de Chinandega llegan convertidos en una seria amenaza, pues, su pase a la final quebrando los pronósticos y dejando en el camino a los Gigantes de Rivas y los Indios del Bóer, los dos favoritos en los análisis previos, los ha confirmado como un equipo al que ya no puede subestimársele, ni en el papel y menos en el terreno de juego. El ímpetu de sus nóveles peloteros, la garra de sus más experimentados jugadores y la magistral dirigencia de Lenín Picota son elementos que hacen de estos Tigres una manada peligrosa, capaz de saltar con una determinación implacable sobre los considerados favoritos. De tal manera que el consistente equipo de León no puede confiarse de un conjunto que está en su tercera final consecutiva.

Los Tigres de Chinandega no pueden ser vistos solo como un equipo forjador de milagros, sino como un conjunto capaz de agigantarse tanto que hasta se perfilan como una seria amenaza para los consistentes Leones de León

Durante la primera etapa de la Liga, los Tigres batallaron más por el tercer lugar que por opciones reales de ocupar los puestos uno y dos. Es más, para meterse a la ronda de playoffs tuvieron que fajarse en un duelo extra contra los Gigantes, ante quienes fueron considerados no favoritos. Sin embargo, en otro de esos impactos que acostumbran forjar se impusieron 5-3 en la propia casa de sus rivales. Luego se citaron con el Bóer en la semifinal, siempre con la etiqueta de víctimas, pero tras perder el primer duelo en una guerra de batazos, ganaron tres partidos de forma consecutiva, consolidándose como un equipo de cuidado. Así que eliminando a los sureños en un solo duelo y dando cuenta de los Indios en una serie al mejor de cinco, hay suficientes argumentos para creer que estos chinandeganos verdaderamente representan una ecuación difícil de resolver.

Mantener el ritmo, clave

El duelo entre Tigres y Leones será el clásico choque entre juventud y experiencia, por lo que será vital para los de Chinandega mantener el dinámico ritmo de juego que han mostrado desde el duelo de vida o muerte contra Rivas. Esto será posible si los jugadores claves hasta ahora se mantienen enchufados; es decir, que las opciones de triunfo de los Tigres serán mayores siempre y cuando Ismael Munguía, de concretarse la extensión de su permiso, siga siendo el primer bate de gran incidencia que ha sido en la campaña y la postemporada, Grant Heyman asuma protagonismo como lo hizo en la semifinal, Edgard Montiel continúe siendo tan contundente como en los últimos partidos, Juan Carlos González se agigante como lo hizo ante el Bóer, Gean Rigby consiga mostrarse tan oportuno como en sus más recientes visitas al plato, Omar Obregón procure ser más incidente y Leonardo Ortiz se esfuerce por ser más consistente.

La defensa de Chinandega deberá jugar tan solvente como en la semifinal, haciendo olvidar que fue la más errática de la ronda regular. Por su lado, los tiradores tendrán frente a sí un reto igual o quizá mayor que el enfrentado ante Rivas y el Bóer, por lo que deberán emplearse a fondo en cada jornada, sobre todo porque la alineación ofensiva de los Leones tiene la suficiente experiencia como para representar un serio peligro desde el primero hasta el último hombre.

Refuerzos deben sumar

De cara a ser un equipo más compacto en la gran final, los Tigres deberán escoger en la ronda de refuerzos a dos jugadores que realmente lleguen a contribuir con las aspiraciones del equipo, así como lo hicieron desde distintos roles el zurdo Carlos Téller y el parador en corto Omar Obregón, los dos refuerzos para la semifinal. En busca de esto Lenín Picota y su cuerpo técnico deben valorar opciones como Elmer Reyes, un artillero siempre por encima de los 300 puntos y dueño de una defensa que fortalecería en gran forma el infield felino; Jilton Calderón, defensor promedio y genial madero en mano; y Javier Robles, jardinero destacado y gran chocador de pelota. Así como los lanzadores Leonardo Crawford y Fidencio Flores. Con adquisiciones como estas, los Tigres no solo serían temidos por su implacable determinación, sino también por lo compacto de su estructura.


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