Wilmer Hernández asumió como entrenador del “Chocolatito” tras el fallecimiento de Arnulfo Obando. /Haxel Rubén Murillo
Wilmer Hernández asumió como entrenador del “Chocolatito” tras el fallecimiento de Arnulfo Obando. /Haxel Rubén Murillo

Boxeo, Deportes por Bernardo Pilatti/ESPN,

El exentrenador de Román “Chocolatito” González, Wilmer Hernández, rompió el silencio y lo hizo con ESPN Digital. Desde que se conociera que ya no era parte de la esquina del excampeón mundial supermosca del CMB, Wilmer había evitado pronunciarse. Como todo lo que rodea a “Chocolatito”, el episodio tuvo mucha repercusión en Nicaragua, y el propio Wilmer confeso estar disgustado con las opiniones que considero injustas sobre su papel en esta historia.

Hernández, de 34 años de edad, hay que recordar que era el preparador físico y segundo entrenador de González. Sin embargo, la muerte de Arnulfo Obando determino que Wilmer fuera llamado a ocupar su lugar previo a la pelea contra el tailandés Srisaket Sor Rugvisai. Tras la derrota polémica sufrida en esa batalla por “Chocolatito”, hubo mucha especulación periodística y en redes sociales sobre el papel de la esquina en el desempeño del nicaragüense. La primera repercusión fue incorporar al equipo al entrenador japonés Sendai Tanaka y días después de conocida esa noticia, apareció la información sobre el despido de Wilmer Hernández.

“Se veía venir”

Mi primera pregunta, precisamente, tuvo relación con ese despido. A Wilmer le pregunté sobre la sensación que le dejaba haber salido de esa manera del equipo de González.
“Fue muy dura esa salida, pero la acepto sin reclamos. La pelea se ganó (pese a las tarjetas), a mi parecer mi trabajo ha sido bien valorado. Al final no quisieron trabajar con mi persona y es su derecho. Ya se veía venir esto de que querían que ‘Chocolatito’ cambiara de entrenador, y hay que aceptarlo y seguir adelante”, dijo Wilmer.

El exentrenador lamentó la forma en cómo salió del equipo. Asegura que “Chocolatito” no se comportó como amigo

Para el exentrenador de González no hubo pérdidas, la experiencia fue positiva. “Con Román nos forjamos en una camada de ocho atletas que teníamos como meta convertirnos en campeones del mundo bajo la tutela de Alexis Argüello. Dos llegaron y los otros nos quedamos por el camino”, recordó.

“En mi caso, debí forjar mi carrera fuera del ring, pero nunca espere que tan temprano llegara a trabajar en la esquina del número uno del mundo. Es algo que debo agradecer siempre, que me brindara la oportunidad en ese momento”, confeso. “Gané conocimiento, adquirí experiencia y ahora solo debo seguir luchando a ver si logramos sacar un nuevo campeón del mundo”.

No obstante, Wilmer no deja de reclamar por la falta de crédito de quienes lo detractan. “Pareció un salto grande para mi poca carrera llegar a donde llegue, pero aquí en Nicaragua mucha gente no sabe que Wilmer Hernández no era solo el preparador físico del equipo, fui el segundo entrenador y debí asumir siempre que Arnulfo (Obando) no estuviera”.

No fue un amigo

Al consultarle a Hernández sobre la mejor experiencia y la mayor decepción que le dejó esa etapa de su carrera en la esquina de González, respondió: “La mayor experiencia ha sido estar ahí, conocer nuevos métodos de trabajo y enriquecerme con los sistemas de preparación diferentes como en Japón, Europa o Estados Unidos. Todo ello me permitirá crecer como entrenador”, reconoció. “La única decepción que me llevo —confesó— tal vez, es que yo creía en las amistades y estas cosas lastiman, se pierden cosas que llevó tiempo construir”, dijo y no dudó en señalar luego que “yo creía que con Román González éramos amigos y lastimosamente no fue así”. “Pero no tengo nada qué reclamar, quizás la explicación de todo esto sea que Román González nunca me vio como su entrenador”.

La confesión de Wilmer sobre la actitud de Román González, perfectamente, puede nacer de lo que muchos de sus críticos catalogan como “el lado arrogante” de su personalidad. Cierta vez, Wilmer narró en una entrevista una anécdota que trajimos al presente previo a nuestra consulta. “Un día, cuando aún “Chocolatito” no era campeón del mundo, Wilmer recuerda una escena en la que Román entró al gimnasio Róger Deshón una tarde, sin saludar a nadie, con aires de estrella, y Alexis Argüello lo vio. “Lo hizo que saliera, volviera a entrar y que le diera la mano a todo el mundo. Le dijo que no era ni campeón del mundo ni el presidente de la República, lo bajó de la nube”, dice textual en la nota.


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