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Beísbol, Deportes por Harold Briceño Tórrez,

Mirándose al espejo, Cheslor Cuthbert debe repetirse reiteradamente que no es el mismo de la temporada anterior. El muchacho ha perdido el tacto y también la tenacidad que le caracterizó en el 2016, siendo ahora tan solo una sombra del pelotero que tapó con gran solvencia el hueco dejado por Mike Moustakas. Ayer, en el juego que los Reales de Kansas City vencieron 6-0 a los Rays de Tampa Bay, el costeño envió señales de vida conectando, en cuatro turnos, su segundo doble de la temporada. No es una gran presentación, pero podría ser el inicio de su resurgimiento.

El primer turno del nicaragüense no fue más que otro capítulo de la historia de fatalidad que le ha tocado vivir en sus visitas al cajón de bateo en el arranque de la actual temporada. Ante el estelar abridor Jake Odorizzi se mostró más paciente que la noche anterior y llevó el conteo a dos envíos malos y dos buenos, fajándose luego con una bola rápida de cuatro costuras que viajaba a 92 millas por hora (mph), sacando una línea que el jardinero central Kevin Kiermaier impidió cayera. Tras este nuevo turno fallido, las alarmas sonaron más fuerte, sobre todo porque el average de Cheslor descendía hasta los 116 puntos.

Sale del silencio

Sin embargo, cuando parecía que la cadena de fracasos se extendería hasta el extremo, despertó y escapó de la inutilidad justo a tiempo. En la quinta entrada, cuando el juego lo ganaban los Reales 1-0 gracias al bambinazo solitario de Whit Merrifield, logró cazar con furia un envío de Odorizzi, haciendo viajar a la señora de las costuras hasta el límite del jardín izquierdo. Este doble, su segundo de la temporada, le permitió mejorar su promedio de bateo a .136.
Posteriormente, avanzó a tercera por sacrificio de Alcides Escobar, pero Mike Moustakas y Eric Hosmer no pudieron remolcarlo.

Ponche 11

La sonrisa cosechada gracias a tan contundente conexión, fue dramáticamente borrada en el sexto inning, cuando el relevista Chase Whitly le propinó su undécimo ponche del año. Bastaron tres lanzamientos: una bola rápida de cuatro costuras y dos slider que se movían a 81 millas, para reducir a caricatura el bate de Cuthbert, cuyo promedio ofensivo descendió entonces a 133.

Luego, en la apertura del noveno, con la pizarra 6-0 a favor de su equipo, Cuthbert volvió a fallar, esta vez en un elevado a la zona corta del bosque izquierdo, cerrando así uno jornada en la que si bien es cierto no lució admirable, al menos envió señales de vida. Claro, es de carácter urgente que se reencuentre con esa constancia que demostró el año pasado.


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